Vivimos en un mundo global sujeto a continuos cambios tecnológicos que han revolucionado no solo nuestra forma de comunicarnos, sino que ha afectado al ámbito educativo. El problema fundamental al que nos enfrentamos es que el sistema educativo no reacciona de manera tan rápida y flexible a estos cambios, y la educación consiste en preparar a futuros ciudadanos para trabajos y profesiones que todavía no existen. Como futuros docentes tenemos un reto: lejos de introducir sin más las nuevas tecnologías en el aula[1], cómo la ajustamos a la cultura digital.

   Han cambiado las necesidades educativas, se ha redibujado el panorama educativo. Y esto se debe a que, entre otras cosas, los alumnos han cambiado como resultado de su interacción tecnológica. Ahora pueden aprender en cualquier momento y lugar, pero se sienten desmotivados porque experimentan un alejamiento entre la escuela y su realidad. Frente a una producción de información cada vez mayor y de fácil alcance, quizá deberíamos replantearnos, como futuros docentes, un cambio metodológico que también incluya un cambio del rol del profesor.

   La introducción de las nuevas tecnologías en el proceso educativo no es bueno per se, dependiendo de cómo las usemos en el aula, pueden o bien ayudar o bien entorpecer. Lo que hace falta saber ahora es cómo usarlas. Tenemos la oportunidad de aprovechar estos medios y sacarles rendimiento. Internet nos ofrece nuevos recursos y documentos de forma inmediata, ampliando la calidad y variedad de información, no solo para los alumnos sino también para nosotros como docentes. Puede convertirse en un medio para que el aula se convierta en un espacio para investigar, actuar y aprender, acercándola a la realidad de los alumnos –y no un mero espacio para escuchar y hacer actividades-. El aprendizaje deviene más abierto y flexible, cooperativo y fácilmente intercambiable con sus propios compañeros.

   Pero la cultura digital no es inofensiva. Además de la posibilidad de sufrir ciberbullying, ataques informáticos o el robo de datos para usos comerciales o fraudulentos que afectan a nuestra seguridad, también existe la posibilidad de construir conocimiento o información falaz. Y algunos estudios advierten que las nuevas tecnologías también están afectando a nuestras capacidades cognitivas como el funcionamiento de la memoria por el “efecto Google” y la tendencia a olvidar información. Lo que parece claro es que con la sobreabundancia de información y su disponibilidad inmediata resulta complicado fomentar una capacidad crítica y reflexiva, un conocimiento profundo sobre cualquier tema. Hay un manejo muy superficial porque vamos pinchando casi de forma distraída por uno y otro lado.

   Debido a estas circunstancias creo que el papel del docente es fundamental, no ya como mero transmisor de contenidos de la propia disciplina y su tradición, sino como guía y orientador del uso de las TIC para lograr un aprendizaje significativo. Como ya se ha indicado, enseñar a los nativos digitales no es una cuestión simplemente de sustituir libros por máquinas, no podemos dotarles de potentes herramientas tecnológicas y esperar a que el aprendizaje se produzca por espontaneidad. Debemos enseñarles a manejarlas, y su buen uso no depende en exclusiva de desarrollar algunas destrezas y habilidades, sino que debemos ayudarles y guiarles durante el proceso para garantizar cierta calidad. Debemos fomentar la capacidad de discriminar la información valiosa y el conocimiento objetivo. Incluso podemos ir más allá y hacerles reflexionar sobre las propias tecnologías y su impacto en nuestras vidas.

   Por muy nativos digitales que sean nuestros alumnos, la competencia digital –y no la simple pericia-  es un tipo de habilidad que se adquiere. Nosotros como docentes tenemos la posibilidad de darle la formación necesaria para que se desenvuelvan como futuros ciudadanos en una nueva forma de cultura. Pero para ello también es necesaria una formación continua y adecuada del profesorado en el ámbito de las TIC.

   Como decía el divulgador tecnológico Juan García en una conferencia en TEDx: “No por nacer rodeados de las nuevas tecnologías los nativos digitales saben manejarse en ellas, sería como creer que todos nacemos sabiendo conducir”.

  

 

[1] Por su fácil disponibilidad en las aulas englobo bajo este amplio término recursos digitales para la innovación educativa como el m-learning, la gamificación, el audio, el video y la animación digital o incluso las redes sociales.

  

 

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